Vestida de Entrecasa

Qué suerte que empezó el Invierno. Si alguien quiere regalarme unas pantuflitas de polar o peluche, bienvenido sea.

2006-02-19

Transición



Los besos
se pierden en una nube incierta
de ágiles pensamientos evasivos,
y nunca antes me sentí tan libre.

Si supieras...
Si entendieras...
Si me supieras y entendieras...

Me olvido del tiempo
cuando mi ansiedad reposa a tu lado tierno.

Y tus caricias
son una marea,
un devenir,
el aire fresco de un amable abanico.

Te miro mientras caminás
descalzo por la casa,
me brillan los ojos
por todo lo que quisiera decirte.

Me callo.

Pienso en plantear un paso,
en darlo,
en cómo serían mis hijos
en tus brazos.

Desvío la vista,
y busco mis sandalias
junto a la ventana,
por cierto, cerrada.

Llevo sus ojos almendrados,
de un gris y celeste
cerca del alma
desde que empecé
a tratar de alejarme,
aunque disimule muy bien.

Unas velas encendidas,
derretidas.
unas manos lejanas,
ya perdidas.
Las tuyas,
siempre un centímetro
demasiado cercanas.
Hombre,
que conversas
desde un arco
y unas cuerdas
frágiles,
finas, delicadas.
Elegante, sombrío,
que ocupas mi tiempo
meditado y evasivo.

Y él,
que nunca me dio
nada más que todo y nada.
Me alimentó sin saberlo,
sin quererlo, quizás.
Pero cuánto lo he amado,
y cuánto aún lo quiero,
con un cariño tierno
que no perderé jamás.

Unos ojos negrimiel
y en el fondo,
aún,
dispersándose,
pidiendo ser rescatada por mi fe
(que sólo busca salvarse del naufragio
de herirse sola si no olvida),
su mirada.